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Lunes, 26 Agosto 2019 17:24

Esencias ciezanas que persisten tenazmente en el día grande de San Bartolomé

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Con siglos de tradición a cuestas, los actos en honor a San Bartolomé son verdaderos ejemplos de las costumbres y la cultura local. Las fiestas sirven para marcar los ciclos agrícolas, reunir a los vecinos y el romper el yugo de lo cotidiano. Son un abanico de expresiones musicales, culinarias, vestimentas, creencias y actitudes que se transmiten de padres a hijos. En una tierra donde lo agrícola goza aún de un excelente dinamismo y en la que el campo, más allá de la pura función económica, se concibe como el pilar sobre el que descansa el modo de vida de los ciezanos, es lógico que el 24 de agosto, festividad de su santo patrono, se celebre una misa huertana en la basílica de la Asunción. La institución que propicia esta gozosa celebración, compartida con el resto de vecinos, es la Hermandad de San Bartolomé.

Convertir una función religiosa en una hermosa exaltación de lo nuestro es todo un alarde que lleva tiempo consiguiendo con éxito la Hermandad de San Bartolomé, con la ayuda del Grupo de Coros y Danzas de Cieza. Es el día grande de las fiestas patronales donde se cruza lo lúdico con lo espiritual. En ningún otro día del año convergen con tanta armonía tradición, devoción e historia. Pero también, como en todas partes, la tradición hecha festejo y, a veces, ritual. La fe sincera toca directamente la esencia misma del pueblo. También es una jornada para el reencuentro, la amistad, la hospitalidad y la buena vecindad. El tiempo que los ciezanos dedican a compartir todas estas cosas es la mayor riqueza de la ciudad en estas fechas tan señalados.

"Cuantas más veces la vives, más sentimiento obtienes de ella", apunta un miembro de la nueva directiva que preside Gema Sánchez sobre la misa cantada que, como el veterano grupo folclórico ciezano, se ha visto beneficiada con el paso del tiempo. Los ojos de un matrimonio ciezano que vive en Madrid se humedecen de alegría al comprobar que las antiguas formas de vida y las coplas de su juventud perviven en el día de San Bartolomé. "Esto es muy hermoso", expresaban a la vez, y coincidían en destacar que la mañana ya comenzaba muy temprano con la diana musical, "otras de las cosas muy nuestras", a cargo de la Banda Municipal de Cieza bajo la dirección de Ginés Martínez.

La tradicional ceremonia religiosa persigue exaltar los valores de estas celebraciones y lanzar un mensaje de alegría que abrace a todos los vecinos. Para ello, la música y el baile que nutre la eucaristía incorporan también una ofrenda de flores y frutos al Patrón de Cieza, exhibiéndose las raíces huertanas de los vecinos. La misa -a la que acudió una representación de la Corporación Municipal con el alcalde a la cabeza, Hermandad de San Bartolomé, presidente de la Asociación de Comercio de Cieza en calidad de pregonero y Junta de Hermandades Pasionarias- fue oficiada por el párroco José Antonio García y concelebrada por los sacerdotes Antonio Muñoz y Mariano Caballero.

Tras la función religiosa, los asistentes abandonaron el templo para acompañar las andas procesionales cargadas por los hermanos ataviados de huertano. "Al final conservaremos tan sólo aquello que amamos. Amamos tan sólo aquello que entendemos. Y entendemos tan sólo aquello que se nos inculca de pequeños", contestaba un vecino de la calle Cartas por donde desfilaba la sagrada imagen. Y es que los ciezanos han trasmitido durante generaciones su arraigo a los casi trescientos sesenta y cinco kilómetros cuadrados en los que habitan. En un mundo cambiante y sin raíces, el sentimiento de arraigo a una comunidad, a una tierra y a unas tradiciones constituye una garantía de felicidad.

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